“Aun cuando te encuentres con el corazón roto, con tu vida hecha pedazos, te veas lleno de traumas y heridas profundas, el alfarero divino ama tu vasija, ama tu barro y siempre te hará de nuevo si tú te pones en sus manos”
Don Emilio, un agricultor y antiguo vecino del papá y la mamá de La Churre, era un hombre con corazón generoso y caritativo. Junto con su esposa e hija trabajaban la pequeña chacra que tenían. La venta de limón era su principal fuente de ingresos; aquel año hubo una superproducción de limón en toda esa región, entonces con el precio por los suelos, la familia pasó por muchas limitaciones.
Cuando la familia de La Churre recién llegó a su “tierra prometida”, el terreno era un completo desierto pues como toda tierra prometida, primero debe ser trabajada para que emane leche y miel. “Los arequipeños” como los habían apodado en aquel lugar, trabajaron juntos la tierra durante todo el día, cada día con mucho esfuerzo y dedicación. En pocos meses los primeros brotes comenzaron a salir. Pero tenían que esperar un buen tiempo para la primera cosecha.
Desde el primer momento, Don Emilio y su familia les brindaron a los recién llegados su apoyo. En algunas ocasiones compartieron los frutos de su campo, pues ellos sabían lo que significaba comenzar de nuevo, les dijeron.
Uno de los recuerdos más claros que tiene La Churre de don Emilio es del día en que los invitó a almorzar a su casa. Después de llevarlos a recorrer su chacra y cosechar algunos frutos, les sirvieron arroz con leche. Fue un almuerzo delicioso, aunque diferente, pues para La Churre esa comida era un postre; sin embargo, para la familia de Don Emilio era todo lo que comerían hasta el día siguiente.
Esa semana el precio del costal de limón había bajado a S/.8.00 ($2.00), entonces el dinero sólo les había alcanzado para comprar arroz para esa semana y como tenían una vaca, su alimento principal sería arroz con leche hasta la siguiente venta de limón. Aun así, conscientes de su escasez compartieron lo que tenían. Y no fue la única vez que la Familia Calle mostró su generosidad con “los arequipeños” (que por cierto no son arequipeños)
La Churre se preguntó por mucho tiempo qué era lo que marcaba la diferencia entre Don Emilio y ciertos pobladores de aquel lugar. Mientras que uno les daba una mano, un grupo en particular trataba de asustarlos para que dejen de trabajar “tanto”, les pusieron muchas trabas esperando que se desanimen e incluso les robaron herramientas de trabajo y les cobraron más de la cuenta…
Creo que ese grupo de pobladores, de cierta manera, sentía envidia de los recién llegados pues “los nuevos” estaban obteniendo resultados que los otros pobladores no habían logrado en años. Además, impulsados por la avaricia no les importó usar medios ilícitos para obtener los bienes que ellos deseaban…
¿Cómo te sientes cuando ves que alguien logra lo que tú no has podido lograr? ¿Cómo reaccionas cuando ves a alguien con necesidad? ¿Te molesta que otros sean reconocidos y tú no? ¿Qué haces para obtener lo que quieres? ¿Eres de los que piensa que el fin justifica los medios?
Hoy te invito a revisar tu pasado nuevamente, pero esta vez en base a la siguiente información: ¿Sabías que un niño que fue criticado y regañado constantemente tiende a sentir vergüenza de sí mismo y a sentir culpa por ser como es? ¿sabías que el sentimiento de culpa que surgió en la niñez empujará a la persona a centrar su atención en sus propias carencias y en las cualidades y/o bienes que otros poseen? ¿sabías que las personas con vacío emocional tratan de llenar ese espacio con poder, dinero, atención, conocimiento, etc?
Dice la hermana Glenda: “Aun cuando te encuentres con el corazón roto, con tu vida hecha pedazos, te veas lleno de traumas y heridas profundas, el alfarero divino ama tu vasija, ama tu barro y siempre te hará de nuevo si tú te pones en sus manos”. Te dejo su canción “Tú mi alfarero” para que en tu oración le pidas a Dios que te haga de nuevo
Te espero el próximo viernes en este viaje hacia tu corazón. Te abrazo con mis oraciones
